Opinión: El conflicto de guionistas, actores y actrices en Estados Unidos

Por Adrián Garelik, CEO de la plataforma FLIXXO 

Lo que está pasando en EEUU con los guionistas primero y ahora con los actores y las actrices es, sin duda, un llamado de atención para la industria del entretenimiento global. Aunque hoy su epicentro sea en Norteamérica, hay que pensar qué efecto causará en los demás países y regiones. 

El conflicto, que se divide entre tres pilares -salarios, regalías por reproducción en plataformas y el uso de la AI en la producción de contenidos- es portavoz de algunas preocupaciones que venimos escuchando por parte de productores, directores, actores y actrices, frente a lo cual algunos estamos desarrollando propuestas para construir un ecosistema más justo.

Por el lado del reclamo salarial, es un tema de negociaciones puntuales y es quizás más fácil de entender para todos. 

Ahora, el pago por reproducción en plataformas de streaming, responde a la problemática de que las grandes plataformas, sobre todo las de suscripción, no informan la cantidad de reproducciones de sus contenidos, no brindan ningún tipo de datos sobre performance de las series y películas. Son muy celosos de esa información. Actores, actrices y autores están acostumbrados a percibir regalías por cada venta de los contenidos en los que participaron, y hoy es información que no está a su alcance.

Por otro lado, están las plataformas que siguen un modelo de revenue sharing, que consiste en compartir ganancias con los productores. Estas plataformas, están generalmente basadas en modelos de pay-per-view o en publicidad. Pero no hay forma de auditarlas así que no tenemos la certeza de que esa información sea cierta y, encima, se suelen dar reportes trimestrales, por lo que el productor no cuenta con un flujo de información constante que le permita tomar decisiones sobre sus contenidos o tener una previsión de flujo de fondos.

¿Qué solución hay? Eliminar intermediarios y desarrollar un modelo transparente y auditable. En Flixxo, por ejemplo, hicimos esto mismo. La plataforma está basada en un esquema de monetización a través de blockchain, en el que el valor pactado va directo del usuario al creador tras cada visualización de su contenido. El flujo de valor a través de la blockchain es absolutamente transparente y auditable, el dinero se mueve de manera automática e inmediata y es fácil generar modelos de pagos en los que no sólo cobre el productor, sino que también se pueden escribir reglas para que se perciban regalías para actores, actrices, autores e incluso el equipo técnico si se encararan modelos de producción en cooperativa (pensemos modelos de cooperativas modernas, también basados en tecnología y conceptos Web3).

Para las grandes plataformas esto puede ser muy complejo desde el punto de vista administrativo, más allá del poder que perderían al comenzar a compartir información. Pero también perderían poder sindicatos, uniones, gremios y asociaciones, ya que hoy en día son ellos los que perciben las regalías y las distribuyen entre sus asociados.

El juego está abierto para todos.

Con respecto a la inteligencia artificial, creo que es una revolución absolutamente imposible de frenar y regular. Por más que haya un llamado de atención para restringir el uso de esta tecnología, siempre va a haber disruptores que salgan de afuera del sistema. Mientras los Netflix del mundo tengan restricciones para avanzar con la AI, no descarto que puedan aparecer otras plataformas independientes que propongan modelos en que los usuarios le pidan, por ejemplo: ´Contame una historia para mí, de media hora y que sea una comedia´ y que se genere el contenido de manera inmediata y sólo para ese usuario, basado en sus gustos y hábitos de consumo. Y estoy seguro de que será posible en muy poco tiempo, incluso en calidad cinematográfica y con actores muy realistas.

La AI es una revolución que ya está acá. Hay que amigarse y pensar que vamos a tener que convivir con contenidos realizados por AI y por seres humanos. Veremos quién es más creativo y, sobre todo, quién tiene más llegada a las audiencias.